Una utopía por la que vale la pena esforzarse

Dar voz, respetar más los criterios y defender los derechos y dignidad de la persona mayor cuando necesita apoyos o cuidados para vivir.

img_7398Siglo XXI, año 2017.  ¿Qué significa hoy seguir mejorando en el sector de la atención a las personas en situación de fragilidad, dependencia o heteronomía? Tenemos la certeza de que no es seguir ahondando en sistemas de organización ni de desempeño profesional orientado solo a los objetivos y valores de los profesionales, algo propio de un modelo asistencial de carácter hospitalario e institucional.

Decía John Stuart Mill  “toda idea nueva pasa por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción”.  Afortunadamente y gracias a las aportaciones de muchos y valiosos mensajeros de diversos ámbitos disciplinares, creo que hemos superando la primera fase.

Querer.

Ya (casi) nadie cuestiona la conveniencia y necesidad de desarrollar una atención más integral y centrada en la persona, sin embargo, desde mi humilde opinión, no existe aún un consenso profesional acerca de qué significa exactamente esto. Es decir, que todos los profesionales que trabajan en el sector  (desde sus directivos y gerentes, hasta el personal de atención directa) estén dispuestos a ponerlo en práctica para todas las personas (independientemente de sus capacidades o circunstancias de salud). Así visto, creo que todavía nos falta.  Hemos empezado en entornos más sociales y ahora continuamos en los socio sanitarios; comenzando con quienes presentan más capacidades pero con el objetivo de que sea una realidad para quienes están en una situación de mayor fragilidad o heteronomía. Poco a poco.

Poder.

Avanzar en este cambio también presenta dificultades y resistencias propias relacionadas con una más que probable necesidad de recursos: capacitaciones y procesos de acompañamiento y apoyo a los equipos, inversión en la mejora del entorno físico y en equipamiento, reorganización o refuerzo de los  recursos humanos… En este tema tenemos suficiente experiencia como para saber que es posible mejorar incluso sin aumentar recursos humanos ni gastos, simplemente optimizando los disponibles (si bien es cierto que una mayor disposición de éstos, y empleándolos de forma óptima siempre facilita y mejora los resultados del proceso).

Saber.

Afortunadamente cada vez existe más información, documentación y materiales que permiten a profesionales y equipos iniciar procesos de información, reflexión y de cambio en esta línea. Y si bien es cierto que algunos logran por si mismos excelentes resultados, en otros, por las propias características de la organización o por los estilos de liderazgo y desempeño profesional…  este proceso se hace complejo, cuando no se atasca y genera desilusión o incertidumbre de quienes tan voluntariosamente se implicaron.  

Personalmente no me parece extraño que ello suceda, pues es verdaderamente muy complejo transformar la cultura organizacional y profesional para que los centros (residenciales, de día, socio sanitarios…) en los que viven o se encuentran las personas por largos periodos de tiempo favorezcan la individualización, la potenciación de la autonomía decisoria y las oportunidades cotidianas para que cada persona tenga una mejor calidad de vida desde su propia perspectiva y valores. Una visión estratégica y una metodología coherente a los fines que pretendemos van a ser determinantes para su éxito y para que el proceso sea profesional y personalmente satisfactorio.

Lo más difícil de hacer acp -como ya se dice de forma coloquial-, no es introducir algo de estética y de mobiliario normal ni siquiera hacer un entorno más amigable. No es hacer historias de vida, ni asignar profesionales de referencia….

Lo más difícil es evolucionar desde una relación profesional asistencial y biomédica en la que la mirada está más en los déficits a otra, que capacite y faculte a las personas en desarrollar un rol de personas adultas mayores, que sean mucho más que “dependientes“ o “pacientes”.

En realidad de lo que estamos hablando es de generar procesos de empoderamiento y oportunidades cotidianas de vida.

Esto es lo que verdaderamente ha de saber, poder y querer cada profesional: repensar y estar dispuesto a rediseñar su desempeño de rol, con la flexibilidad y humildad de quien está en búsqueda permanente de ser -en términos tan bien expresados por Diego Gracia- no sólo un buen profesional sino también, un profesional bueno.

Ya no es suficiente con ser buen profesional, con poseer los conocimientos y las técnicas que por su cualificación se le supone.  Avanzar en el reconocimiento de los derechos de las personas y favorecer su calidad de vida, es decir,  hacer acp,  requiere que cada uno se afane en ser un profesional bueno,  en ser un profesional moralmente bueno. Y esto es muchísimo más complejo, pues está emparentado con la bondad humana y profesional.

Cuesta imaginarse quién podría ser un profesional moralmente malo, pero desgraciadamente no es difícil a veces serlo, y en la mayoría de las ocasiones sin siquiera darnos cuenta. Simplemente podemos serlo cuando no damos voz a la persona, cuando no consideramos o respetamos suficientemente sus criterios, cuando no le facilitamos el ejercicio de sus derechos o cuando solo vemos y nos ocupamos de sus necesidades biológicas, sin visibilizar las necesidades psicosociales y afectivas que todo ser humano posee. O simplemente cuando anteponemos, sin dudarlo, nuestros propios valores sin conocer ni contemplar los de la persona. En estos casos puede que no estemos buscando su bien o que causemos un mal.

En el caso de los dirigentes y directivos, desde este modelo, su responsabilidad está en lograr organizaciones justas que promuevan la dignidad y eviten discriminar a las personas en virtud de su situación o discapacidad. Para ellos, ser profesionales buenos estará en relación a su aporte para que su sistema y cultura organizacional permita a las personas usuarias el protagonismo que merecen, y facilite y promueva que sus profesionales sean, buenos profesionales y profesionales buenos. Solo de este modo podremos ofrecer día a día a las personas con las que trabajamos, las mejores oportunidades para que la vida le siga valiendo la pena.

Lourdes Bermejo

http://www.lourdesbermejo.es

Un pensament sobre “Una utopía por la que vale la pena esforzarse

  1. Retroenllaç: Integración social y sanitaria, hacia el modelo de Atención Centrada en la Persona | Atenció Centrada en la Persona

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